Qué es la Asociación de Medicina Interna de Rosario

 
 
 
 

Historia de la Asociación de Medicina Interna a través de un breve reportaje a uno de sus ex-presidentes el Dr. Daniel Jairala.

 

 

 ¿Cuando nació la Asociación de Medicina Interna?

 

Estrictamente, la Asociación no nació con este grupo. Nosotros tomamos el asunto alrededor de 1981, cuando Jorge Manera participó de la Comisión Directiva y a partir de ello se dio una vuelta de tuerca generacional. Hasta entonces había una fuerte división en grupos aislados, que se sucedían en la presidencia pero compartían muy poco. De hecho, nunca nos sentimos convocados.

 

¿Que tenía en común el grupo de ustedes?

 

Digamos que tenía el perfil de quienes actualmente dirigen la AMIR: cercanos a los 40 años, insertados aceptablemente en la profesión, habiendo ya dejado las guardias, inquietos, lectores, orgullosos de su quehacer, dispuestos a competir pero buenos compañeros, buen espíritu grupal, todo eso, pero para aquel tiempo también nos definía a la mayoría, haber sido médicos residentes y compartir la experiencia un poco límite que ello implica; pueden no creerme, pero hace un cuarto de siglo hacía una diferencia.

 

Tenían objetivos comunes, me imagino

 

 Claro, no podía ser de otro modo. Podríamos enumerarlos así:

1. Defensa de la Clínica Médica como totalizadora, oponiéndonos dentro de los límites sensatos a la subespecialización..

2. Practicar la medicina diaria con bases científicas,

3.  Respeto al paciente, a sus convicciones e ideas, y tolerancia con las diferencias

4. Defensa de las buenas condiciones de trabajo incluyendo la retribución justa y digna.

Podríamos juntar algunas más, pero éstas valen. Quiero detenerme un poco en el último punto, porque aunque después se generalizó, por ese tiempo había una idea de división, la ciencia en el Círculo Médico y el gremialismo en otro lado. Sin hacerlo explícito, había también  entre nosotros un sentimiento de relevo generacional y renovación.

 

¿Cómo se fue dando todo?

 

Como pudimos, diría, pero más que nada con convicción rayana en la tozudez. Mucho trabajo, ni un peso, muchas ganas, buen grupo. El núcleo originario que rescato fuimos los primeros presidentes, Davidow, Javkin, Manera y yo, una buena mezcla de aceleración, de estabilidad,- vinculada al tono tranquilo de José Davidow-, y el imprescindible aporte de buena tesorería que daba Eduardo Javkin. Comenzamos por traer algunos visitantes importantes que ayudaran a definir qué diablos era la Clínica, que fueron Andrés Santas,-cirujano torácico que fue Rector de la Universidad-, o Alfredo Lanari, con quien fui residente, que dirigió un legendario Instituto que aunaba buena clínica y buena investigación, del cual podría hablar mil páginas. Organizamos un evento que nos juntara y nos proyectara en el mundo, que fueron las Primeras Jornadas de 1985. Las jornadas eran para unirnos, para darnos a conocer y fijar un ámbito de discusión y diálogo, que figura en el subtítulo: Primer Encuentro...Las Jornadas coincidieron con una reforma en el edificio del Círculo Médico y fueron de lo primero que se hizo en el propio Circulo, y armó un buen revuelo que hizo que se hablara de nosotros en la institución y que hiciéramos punta para próximos eventos de otras especialidades.

 

¿Me imagino que no fue sencillo armar esas Jornadas?

 

Para nada. No había antecedentes y tropezamos con obstáculos tragicómicos, como ser, explicarles a  gerentes de la industria farmacéutica nuestra diferencia con los clínicos generales no especialistas, y que teníamos una trayectoria de formación y responsabilidades totalmente distintas. Tuvimos un organizador de Congresos, ex agente de propaganda médica, que con su esposa se encargaron de la organización. Nos armaba maratones de reuniones con gerentes en la Capital y un día cancelábamos el consultorio, tomábamos nuestro auto y andábamos por Munro, Almagro, Nuñez, o el lugar donde hubiera laboratorios. Nuestro organizador tenía además una audición de radio FM donde nos invitaba a pasar el anuncio de las Jornadas. ¡Fue divertido!

 

¿Y todo a pulmón?

 

Desde ya. Hoy es inconcebible describir un mundo sin e-mail y sin celulares, pero en ese mundo armamos las Primeras Jornadas, que luego se fueron sucediendo. Coordinar una Mesa significaba una o dos llamadas de larga distancia, encontrar al colega en cuestión y dejar la cosa hecha en pocas palabras y muchos sobreentendidos, y rezar para que  hayamos entendido lo mismo. No siempre se dio así. Teníamos mucha presencia en las sesiones, porque nos gustaba pero también porque todo se coordinaba personalmente, allí nos informábamos, y si por ejemplo alguien fallaba en ir al aeropuerto estábamos como soldaditos para cubrir el bache. También descubrimos la picardía meteorológica de la niebla de junio; no se puede programar que alguien venga en avión a la mañana porque con frecuencia el aeropuerto queda no operativo. Entre paréntesis, las jornadas se hicieron siempre en junio, y el origen fue que no queríamos competir con otros eventos en este primero, en el que estábamos inseguros. Salió bien, y seguimos del mismo modo.

 

¿ Hubo agoreros?

 

Como siempre, los que no hacen nada estaban listos para pegarnos pero no hubo modo, un poco porque todo salió bastante bien y además porque el grupo estaba fuerte y convencido de lo que hacía. También, porque nuestros primeros invitados nos apoyaron y estimularon mucho. Tan así fue que muchos volvieron en las sucesivas Jornadas, con situaciones como la del Hospital Privado de Comunidad de Mar del Plata donde Miguel Maxit y el querido Ricardo Paz, fallecido hace poco, fueron los responsables en todas las jornadas  subsiguientes del ejercicio anátomo-clínico. En su origen recurrimos a ellos por ser amigos y por efectuar autopsias en su institución, pero también para que el caso fuera desconocido con seguridad en Rosario y garantizar la mayor "pureza" de la discusión.

 

¿Y hoy, en 2006?

 

Ahora para mí es puro disfrutar, mientras el grupo actualmente a cargo atesora la experiencia previa y costea el trabajo más fuerte. De ningún modo estoy ajeno ni de brazos cruzados, pero puedo hacer mi parte sin que me desborde, tomo lo que quiero porque quiero, y el grupo no sólo me lo permite sino también lo reconoce. A mis años, veo a la AMIR como a un hijo que creció y maduró, y hoy se mueve en el mundo con pautas a las que contribuí, pero con vida y modo propios. Estoy orgulloso de esto, y también de que cada miembro de la Comisión Directiva que termina se suma al grupo, y no queda ajeno ni mete palos en la rueda. No son muchas las sociedades médicas que logran esto.

 

 

 
 
 
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